PONGALE EL
OÍDO A ESTE CANTOR
Contratapa del CD "Al
sur de mi garganta" |
Por Rafael Amor
19 de Agosto de 2003
Nava Serrada/Madrid/España |
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Es dífícil ser objetivo
al hablar de un amigo. Hacer abstracción del cariño
y batir la justa, pero en este caso la tengo fácil, muy
fácil, porque con solo decir su nombre, todo aquel que
lo conoce, que lo haya escuchado alguna vez o lo haya visto
en infinidad de caminos que trashuma, -algunos de los cuales
compartí con gran satisfacción- o que lo oiga,
o lo vea partir de ahora, sabe y sabrá que mis palabras
han de quedarse cortas para hablar de las mentas de Jorge Víctor
Andrada.
Cantar de añejo lagar, maduro, como el vino noble que
va derechito al alma en su ritual caliente de la tierra a la
copla. Una voz de terciopelo, viril, emocionada, acariciando
el lomo erizado del silencio.
Delicado intérprete de la guitarra, sabedor de los seis
misterios del arco iris sonoro de esa compañera insobornable.
Caminador con huella o sin ella, junta de los pajaros cantores
de todos los paisajes, noticias de sus alas para que en lejanos
horizontes sepan de sus trinos y los engrandece con el suyo.
Trabajador silente de la ternura y el alma postergado de un
pueblo que no se resigna a desaparecer, que amamanta del trémulo
rocío de las voces de sus cantores y poetas, para mojarle
los labios a la esperanza como a una amada enfebrecida.
Póngale el oído a este cantor que ha elegido el
duro camino de la honestidad y el compromiso. Que ha elegido
ser argentino.
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| Estas palabras se encuentran en la
contratapa del disco "Al
sur de mi garganta". |